El Arte de Desaparecer

jueves 19 de marzo de 2009

Divisa...

Tengo la impresión de estar consiente, pero se que duermo una realidad expectante… Nada tiene razón de ser; solo estoy pensando y el lenguaje me pesa en la conciencia… Dije tantas cosas que me arrepiento… Dije alguna vez que no podía más; que había un lenguaje para cada mentira y mi humanidad me puso a temblar. Ya decidí esperar la invención de otro dialecto; y olvide de repente que estamos en guerra; contra todo y cada cual de nuestros reflejos; contra cada una de todas nuestras pesadillas… y las cosquillas, que como mariposas olvidan que poseemos la intención de la inocencia como divisa…

jueves 12 de febrero de 2009

Hospitales de París (1866)

Que clase de bárbaros somos. La guerra nos enseñó la esencia de nuestro organismo. El humor de nuestra sangre, el tejido preciso de nuestros músculos, la íntima relación de la carne, el tendón y el símbolo siempre escurridizo del sentido mismo del ser. La sangre corrió en ríos. Hoy recorro los hospitales de París como queriendo olvidar el holocausto del mundo. Hasta los belicosos espartanos iban a la batalla con médicos en vanguardia. Cuanto daría por ser un periodeuta de la antigüedad griega. Aquellos médicos nómadas recorrían las ciudades del mundo entonces conocido y eran casi siempre aceptados por los príncipes en la corte o bien acogidos en casa de los más distinguidos condottieres. Yo en cambio deambulo los cuartos de este edificio en forma de cruz. Se construyó así para vigilar mejor a los enfermos. Nada tiene que ver con la cruz de Cristo. Sin embargo insisto en que los médicos somos una clase esencial, una orden militante que busca la salvación del que languidece. Recorro por cuarta vez el lúgubre pabellón de los incurables y se me antoja la bodega de un buque. Lo imagino anclado frente a una isla soleada desentendida de la muerte…

Manifiesto

Busco la antigüedad. Por eso alucino con ruinas e invento lugares precarios a punto de desaparecer. Una casa de siglos frente a un amplio puerto; achaparradas aldeas bajo un cielo nuboso, pesado como el techo de una inmensa caverna; fuertes y abanicos invadidos por un mar furioso y persistente; el viento mordiendo el ladrillo, el agua despellejando insensible el recabado; el frio y el calor fracturando la telúrica tapia… Vivo de las ruinas, y ellas alimentan el fuego infantil de mis ideas Ínfimas. Luego están los nombres que se repiten como en una lista, como carga anotada en un manifiesto. Los buques que llegan y zarpan autómatas. Desde hoy parto hacia un destierro cómodo; uno que me lanzará de nuevo a la aventura siempre cambiante de la nada. De nada esperar, lo tengo todo. Liviano equipaje el del naufrago; en la orilla incierta de la quimera esta mi hogar. De regreso perdí el rumbo, y aluciné con el comienzo de todo; tal y como esperaba. Algo escribí hace un tiempo y no lo recuerdo. Soy yo en la otra orilla esperando mi propio regreso; desterrado por la idea de ser alguien desconocido. Una isla espera mis exequias; ¡será cualquiera!…

martes 6 de enero de 2009

Carta Espiral

Escribiré una carta espiral
Una que resuene en el sueño
Que retumbe en la soledad
Del tiempo;
De la inundación de las aguas…
Una carta espiral como los caracoles
Y la eterna búsqueda de las enredaderas…
Siempre verde;
Eternamente comenzando
Como la esfericidad de los siclos
Y los antiguos calendarios…
Escribiré con mis venas una carta
Que siempre creciendo
Incluya el nombre oculto de todo
Que cuente la coincidencia del nacer
Y la espontanea consecuencia de morir…
Y diré que es poesía; aunque no lo sea…
Y diré que todo lo copie del natural…
Que lo calqué de una inscripción
En la roca;
Que la extraje aun tierna
Del fondo húmedo de una gruta…
Escribiré una carta extraña
En el idioma de las raíces…

La Muerte de Fernando Amor

Sus amigos se turnaban para atenderle…
Salió ileso de peores crisis…
(Siempre miro con desprecio la muerte)
No le animaron a menos sus aventuras…
Pero perdió de a poco la confianza
A la sombra inmensa de las secoyas…
Gracioso un mono le hace guiños
Desde el tope de la selva americana
Y al oído le zumban nerviosos
Iridiscentes colibríes…

lunes 10 de noviembre de 2008

Nada es tragico...

Estoy de regreso
como el fuego
En la estacion seca
Como el mar
Inquieto en los dentados
Arrecifes de las islas...
Todo es regreso
Todo gira sobre si mismo
Ya nada es tragico para mi...

martes 23 de septiembre de 2008

Hilos de Plata...

Nada de lo que dije pesa. Nada de lo que he dicho me condiciona. Nada de lo que diga o diré crea un tiempo. La palabra es elástica y se deforma. Esta en mi pensamiento y se diluye cuando la manejo. Solo sirve para que insista en ser yo; y no se sacia!… Entonces me llena su deseo; como cuando la vela de un buque se hincha y lo empuja hacia cualquier lugar; hacia un punto indeterminado. Aquí o en cualquier parte; que mas da! Digo lo que no quiero; quiero lo que no digo; con fuerza deseo lo indecible. No hablo de mi porque mi irrelevancia me atormenta y me condena. Necesito un acto humano para volver al camino de los verbos; necesito ser en el básico sentido de la acción. Soy una singularidad imperfecta; soy una contradiccion suspendida en el espacio irreal. Necesito la sustancia de las cosas; necesito todas las cosas. El sol, el aire, la tierra y toda la sangre del mundo…No quiero poseer nada; quiero ser sintiendo; abrazar todo lo que queda entre mi y la ausencia del yo; la constante ansiedad de la química; la mal llamada “física” que constituye todo lo incorpóreo. Se que camino sin moverme hacia la nada; con absoluta duda pienso en un inicio y un fin; Esta es la poesía única… Pensar que fui sin estar convencido del ser…Es un laberinto que solo entienden los caracoles y las lombrices que aran en lo oscuro invisibles hilos de plata. En adelante hablare solo de mi; tal vez consiga con ello al fin enterrar junto a mi también mis palabras…

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